Casi 31, en una década a la cual me siento ajena. Cada día más loca, inquieta, sobre pensante. ¿Cada día más yo? ¿encontrándome o perdiéndome? Tomando decisiones trascendentales y otras que no tanto. Con menos miedo (creo).
Desde que nací opuse resistencia, quizá porque mi sabia alma sabía de qué se trataba este baile. Pero después de mucho batallar, el mundo me dió la bienvenida. Llegué a esta vida envuelta en llanto y ese llanto siguió por días, meses, años, hasta convertirse en un rasgo inherente de mi personalidad.
Y es que creo que por dentro llevo un mar y cuando las emociones me sobrepasan, salen, así, en olas de agua salada que se desbordan y me inundan los ojos buscando cualquier excusa para salir y unirse al océano.


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